Us afegeixo a continuació diferents cartes d’amor. Recordeu que estan numerades. Així que, si us plau, llegiu-les totes, trieu la que més us agradi o us cridi l’atenció i justifiqueu perquè l’heu triat.
Tot això no ho feu al blog, feu-ho en paper i m’ho doneu el proper divendres 30 de gener que, per cert, és l’aniversari de la mort d’un altre gran home i d’un lluitador pels drets humans: el SR. GANDHI!!
Cartes d’amor
Carta 1 Querido señor alcalde:
Como usted ya sabrá, en el censo del pueblo quedamos siete habitantes y mi situación es de extrema soledad. Para intentar paliarla he empezado a salir con la única pareja que vive aquí, son maravillosos conmigo, paseamos, me invitan a vermú en el único bar de nuestro pueblo, vamos juntos a la única misa de la semana, coincidimos en el único ultramarinos para el pan; en fin…, creo que me he enamorado de ellos. Antes de proponérselo, lo cual pienso que aceptarían, ¿habría alguna posibilidad de convertirnos en pareja de hecho los tres? Usted sería el responsable del trámite. Creo que son los perfectos, ya no queda más gente aquí, y a mis años me sobra amor que dar aunque sean dos a recibir. Espero ansiosa su respuesta.
Carta 2
Dejé de querete el día que, como regalo de cumpleaños, me diste el juego de sartenes.
Carta 3 Lo nuestro:
Me encanta despertar cada mañana a tu lado y que me des ese abrazo con ojillos de cordero degollado cuando suena el despertador. Me gusta lo nuestro. Hay quien piensa que es distinto, pero ¿qué no darían muchas parejas por tener lo que tú y yo tenemos? Porque somos un verdadero matrimonio, con días buenos y malos. Porque me tratas como a una princesa, y eso, te lo aseguro, me derrite. Me atrapas con esa dulzura que sólo tú me sabes dar. Nuestra unión está por encima de cualquier tópico, de cualquier estereotipo. Y eso me encanta. Porque lo compartimos todo y eso lo hace más sólido aún. Y cuando digo todo, es todo. Las camisetas, los pendientes, los bolsos y hasta el sujetador. Espero seguir compartiéndolo contigo hasta que lleguemos a ancianitas y me sigas queriendo tanto como yo a tí.
Carta 4 Timidez
Me siento en una mesa distinta a la tuya, aunque me gustaría mucho estar a tu lado. Cuando de lejos alguna vez me miras casualmente, siento un ligero rubor en mi rostro y el corazón se me acelera. Estoy todo el día pendiente de tí: cuándo vienes, cuándo te vas, qué ropa te has puesto, si sonríes o estás seria, pero no me decido a acercarme, ni mucho menos a insinuarte lo que por ti siento y me maldigo por mi estúpida cortedad. Y aquí estoy escribiéndote, una vez más, unas líneas, sabiendo que jamás te las entregaré y terminarán en la papelera. Todos los días la misma rutina: la carta cobarde que no llegará a destino, la pastilla para la tensión, mis problemas de próstata, y la prisa por bajar con mi andar titubeante al comedor de la residencia para elegir una mesa desde la que te pueda mirar discretamente, sin que la monja se dé cuenta.
Carta 5 Los porqués del amor
Porque no soporto el desorden de tu ropa. Porque nunca barres la cocina. Porque no sabes si el baño está sucio o limpio. Porque me inundan tus perióducos. Porque sigues siendo el desordenado que conocí. Porque nunca me has engañado en nada. Porque siempre haces tú la cena. Porque cada año tú solo haces la declaración de la renta. Porque siempre sacas tú a Javi a la parada del autobús. Porque no me dejas llevar peso. Porque siempre me llevas al hipermercado. Porque nunca olvidas qué colonia me gusta. Porque sigues diciéndome bonita. Porque cada noche duermes a Javi con tus mimos. Porque te has propuesto cien veces adelgazar. Porque te gusta el mar de todos los veranos. Porque cada día bajas la basura y subes el estrés. Porque te gusta tanto mi sonrisa. Por todo eso, aún te quiero.
Carta 6
Querido amor: ¡Feliz San Valentín! Espero que nadie te quiera como yo. Puesto que nadie te plancha las camisas con tanta dedicación, paciencia y amor. Te gusta y lo sé. ¿Por qué nunca me lo dices? Nunca te quejas, eso es lo mejor. Te quiero y me quieres. Eso tampoco me lo dices. A veces, durante todo el día ni me miras, ni me hablas, pero sé que me quieres, ya que no te quejas. A veces quemo las tostadas del desayuno para que te enfades, para que me riñas. Y así, cuando me mires, veas en mi cara el amor que te profeso.Aunque me des dos bofetadas, o tres. Después te vas, porque tienes que trabajar; me curo. Yo no sé como te las apañas, pero siempre me acabas partiendo un labio; claro que como nunca estás, de eso no te enteras. Más tarde plancho tus camisas, con dedicación, paciencia y mucho amor. Porque sé que te hace feliz. Pero, mi vida, pese a todo lo que te quiero, creo que ya no quiero quererte más y me voy. ¡Ah! Y me llevo la plancha, con la que te he quemado todas tus camisas.
Carta 7
Tengo que pedirte perdón. Se me ha vuelto a olvidar. Otra vez. Como se me olvida llamarte, se me olvida escucharte, o se me olvida responderte, se me olvida abrazarte, o besarte, o se me olvida mirar mientras duermes o que me mires mientras duermo… Y luego me acuerdo y quiero acordarme siempre. Me acordé esta mañana. Me acordé de que te quiero.
Carta 8
Hoy me has preguntado qué quería como regalo. Te he sonreído y te he dicho: “Deja que lo piense”. Pero no tengo nada que pensar. No quiero nada, ¿te parece poco lo que me das?
Te veo todos los días. Vivimos juntos. Por la mañana me despiertan tus besos en mi cara. Yo refunfuño porque tengo mucho sueño, pero me gusta esa intimidad caliente de tu boca.
¿Me quieres? Sí, claro que me quieres. Me lo dices cuando te lo pregunto y cuando no te lo pregunto. Me lo dice mi postre preferido en la nevera, mis zapatillas en tus manos cuando voy descalza por la casa, una flor de vez en cuando en el jarrón del salón.
Algunos días nos vamos a la cama después de comer. Tú me haces cosquillas por todo el cuerpo y yo me muevo como una lagartija para que no me las hagas. También hablamos del mundo, de la gente, de las películas que vemos, y nos reímos de todo hasta el absurdo, mientras se quema el incienso y se consumen las velas en nuestra habitación.
Me gustas, me gusta cómo piensas, cómo me miras por encima de las gafas, cómo me coges de la mano en la calle, cómo me abrazas por detrás cuando no me doy cuenta, cómo me haces el amor: a tí te gusta que te abrace después de hacer el amor y dormirte entre mis barzos. Y a mí, me gusta que te guste. ¿Y tú, qué quieres como regalo?